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Pedro Sorela

sastreria

Detalle

Miércoles 20 Abril 2011. Sastrería, Blog

Detalle
¿Mujer con una flecha o con un cordón? 
Dibujo, puntaseca y grabado. 
Rembrandt, Rijksmuseum, Amsterdam.

 

Sastrería

El detalle construye la historia

Uno de los momentos más emocionantes del dibujo de Rembrandt es cuando una escena en principio inmóvil se convierte, en virtud de un detalle, una luz, algo en la sombra que miramos desde un poco más de cerca, en una narración. Así sucede con el conocido grabado de Mujer con una flecha¸ que para generaciones fue, en efecto, el retrato de una mujer -¿Venus?- vista de espaldas, y que sujetaba una flecha, seguramente lanzada por Cupido. Pero ojos más atentos a las sombras del grabado han determinado que lo que sujeta no es una flecha sino el cordón de las cortinas de su cama con baldaquín, y que no está sola: en la oscuridad, al fondo de la cama, la observa un hombre apenas insinuado. Dos simples detalles –o una forma de leer distinta- cambian por completo el cuadro y la historia: puede que sea Venus, pero está con Marte, su amante.

¿Puede algo así suceder en la escritura? No estoy muy seguro, y si sucede tal vez no sea de una forma tan decisiva. Entre otras cosas porque los ojos del lector están cambiando a toda velocidad y, como desde el tren, los detalles del paisaje se vuelven borrosos.

P.D. El cambio de lectura es en este caso vertiginoso. Pues pasa de una lectura mítica -Cupido, Venus, una flecha...-, a una más racionalista: el cordón de la cortina en la cama de dos amantes.


Coraje

Lunes 28 Febrero 2011. Sastrería

Decisiones

La escritura ya casi no sirve para copiar. Parece que aún, pues se publican kilos y kilos de novelas-foto, y luego las películas que se hacen es sobre ellas, pero ya no. Aunque casi no se vea, la escritura que cuenta es la creación. 
Lo primero que se necesita para crear es coraje. 
              Qué es el coraje y de qué depende sigue siendo un misterio.

2. La escritura se puede mirar como una sucesión de decenas si no cientos, o tal vez miles de pequeñas decisiones que, como tales, requieren pequeñas valentías. Desde la gran valentía de imaginar, a la pequeña de elegir un adjetivo más gráfico, menos muermo. La que más consume es la decisión de luchar contra los lugares comunes y sus lenguajes mortecinos: el tecnócrata, el sociológico, el políticamente correcto, etcétera.

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Lunes 28 Febrero 2011. Sastrería

Detalles

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J.G-R.

Es probable que el puente más bello del mundo sea el de Santa Trinità, en Florencia, que desde siempre ha desafiado a los ingenieros, no sólo porque las amplias curvas de los tres ojos no parecerían capaces de resistir el peso, sino porque los óvalos no copian ninguna figura geométrica conocida, y al tiempo parecen haber nacido del único trazo de un gran maestro. Y Ammanati, a quien se atribuye el puente, no lo era. El asunto motivó innumerables debates hasta que alguien encontró la curva en la Capella Medicea, de Florencia, en los sarcófagos diseñados por Miguel Ángel y que sostienen las figuras de la Noche y el Día, el Crepúsculo y la Aurora. Lo cual cita Mary McCarthy, en su (excelente) Piedras de Florencia como el ejemplo de cómo un detalle casi privado pasa a ser patrimonio de toda una ciudad. Pero además de Miguel Ángel, que lo dibujó, el mérito es también de quien supo verlo para trasladarlo al puente (que quizá también fue Miguel Ángel)

Oír

Jueves 04 Marzo 2010. Sastrería

Cuidado: el primer momento de la escritura es el más importante de todos. Consiste en oír la historia, las más de las veces no contada por nadie, tan sólo una intuición fugaz dentro de nosotros. Y en tener el valor de escribirla como debe ser escrita, sin traicionarla. Por supuesto que la historia puede admitir cambios, incluso muchos. Pero la que no las admite es su alma, que sólo el escritor sabrá reconocer. (Y sólo él sabrá si ha sido fiel a ella.)  Quizá sea eso lo más importante de todo: preservar ese coraje. Ese oído. Conservar la mirada afilada para reconocer las historias cuando aparecen, por lo general cuando no se las espera, y donde casi nadie las sabe ver. Y coraje para escribirlas.

Misterio

Miércoles 05 Octubre 2005. Sastrería

La escritura, si se piensa, es uno de los actos más misteriosos que existen. Qué es lo que hace que alguien, poseído por una fuerza de la que nadie sabe, a la postre, nada, se siente a alinear hileras de signos que son en sí mismos verdaderos enigmas. (Para verlo de inmediato nada como acercarse a un sistema similar, pero muy lejano, como la caligrafía china). 

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AGUA. "China Empire of living symbols", de Cecilia Lindqvist

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Los caminos son infinitos. En realidad, no otra es la Angustia Ante la Página en Blanco: la incapacidad de elegir ante mil ante un millón de opciones posibles. Pues en la escritura, más que en la pintura y sospecho que en la música, y no digamos en el cine, la libertad del redactor es muy alta. Basta leer a Shakespeare para comprobarlo.

Entre estas opciones existen básicamente dos: Copiar o Crear. Nuestra época Neo Romántica valora Crear muy por encima de la Copia, pero no siempre fue así. Borges explica que en la época clásica al escritor se le medía por su capacidad para ejecutar un canon: un soneto, por ejemplo. De lo que se trataba era de ejecutar una forma establecida de la mejor manera posible. Stendhal dijo famosamente que una novela es un espejo al borde del camino. Hoy hemos aprendido que todo, o por lo menos mucho, depende de quién sostenga el espejo, pero se entiende lo que Stendhal quiso decir. al margen de todos los que se agarrarían a su frase para no pensar y, peor aún, no crear.

Antes de la opción de Copiar o Crear existe otra más radical y decisiva: escribir con corajeo no. En esa opción el escritor elige dónde se sitúa.

MANO. "China Empire of living symbols", de Cecilia Lindqvist