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Pedro Sorela

Artículos etiquetados con: 57 pasos por la acera de sombra

57 pasos por la acera de sombra

Experimental. Autor: Pedro Sorela Editorial Prames, Zaragoza, 1998. Páginas: 239. Portada: Marisol Calés ISBN: 84-95116-03-0. 

Años de periodismo y de clases en la universidad me condujeron a la idea, que no he hecho más que reafirmar, de que o el periodismo renueva su escritura y su lenguaje, o se muere.

Siempre pensé que un buen periódico debía de tener al menos una esquina en la que se experimentara con vistas a esa renovación, y así se lo dije, hacia mil novecientos ochenta y pico, a Álex Grijelmo, entonces redactor jefe de Local en El País y ya entonces teórico reconocido del "estilo de los periodistas". Discuto con Álex sobre cuestiones de estilo desde nuestros primeros días en la profesión, y creo que es el mejor periodista que conozco.

Con la rapidez que le caracteriza, Álex me pidió una muestra y tan pronto las escribí, publicó seis, con estupendos dibujos de Raúl, también portadista de mis primeros libros. (Que fuesen dibujos y no fotos no fue una elección baladí). El resultado fue una bronca para Álex por parte de la dirección, poco dada, como todas las direcciones, a que se tomaran sin consultar iniciativas tan trascendentes. Y esta sin duda lo era, con independencia de los resultados.

Drama en la portería

Por: Pedro Sorela Martes 28 Marzo 1995.

En un edificio residencial cercano al Auditorio sobrelleva el aburrimiento un portero que ya no se resigna a soñar con hacer teatro y, desde hace cierto tiempo, l0 hace: inventa personajes y les pone a hacer cosas en escena. O mejor dicho, sobre personajes ya creados, que son los vecinos del inmueble (profesionales ricachones y un poco aburridos, la verdad), les propone nuevas identidades, y con ellas, nuevas responsabilidades, y luego les manda a la ciudad a interpretar sus nuevos destinos en la vida. Nada de esto sería posible sin el aburrimiento, claro está. El aburrimiento y la soledad son el padre, la madre y hasta el abuelo del arte al comienzo: como después de limpiar el vestíbulo y repartir el correo Paco no encontraba el sentido de la vida ni en la prensa deportiva (ni siquiera los lunes), ni en la del corazón rosa que desechaban las señoras del inmueble, sucedió un día que, sobre el escenario que miraba sin pausa –un vestíbulo de mármol, grabados baratos de bergantines, sofás imitación Chesterfield–, comenzaron a pasar cosas.

Quiere decirse que Paco comenzó a imaginar. Inevitablemente. La primera de sus creaciones no tiene ni siquiera mérito, vista su obviedad y casi se podría decir que necesidad: como en el segundo piso vive una azafata guapa e insolente que no para de recibir los mensajes de amor afiebrado de las victimas que va haciendo en sus viajes transoceánicos en aviones de dos pisos, Paco no encontró inconveniente en reconducir parte e esas misivas –las más tiernas, las más correctas y consideradas­– hacia el cuarto. Allí, en un apartamento lleno de Chopin, vive una de esas mujeres que, pese a reunirlo todo, se van quedando incomprensiblemente solas.

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    Por: Pedro Sorela Lunes 18 Abril 1994. En Cuentos

    1.Sale usted malhumorado del cine, tras otra película insignificante, atormentado además por los masticadores de palomitas, y en una avenida principal se encuentra con que un etcétera ha encerrado su coche y claramente sin ninguna intención de volver pronto. Usted:

    a) Contra toda experiencia, pretende que venga una grúa, un guardia, algo. Los llama incluso a gritos, desesperado.

    b) Sale como puede por la acera (no sin abollar el coche) y seguidamente le pincha una, dos, tres o las cuatro ruedas a quien le ha dejado encerrado, y eventualmente le mete mondadientes en las cerraduras o le raya la carrocería con una llave. Y esa noche duerme tranquilo, pese a las 15.000 o 20.000 que le van a costar los bollos de su coche.

    c) Coge un taxi y se resigna a volver mañana.

    2. Coge usted un taxi, no forzosamente el de la traumática experiencia anterior, y al cabo de no mucho el taxi queda parado a causa de una manifestación. El taxista dice aquello de: “Tenía que volver franco y se iban a enterar”, o algo parecido. Usted:

    a) Hace como que no ha oído.

    b) Se baja del taxi dando un portazo y ninguna propina.

    c) Se baja del taxi y se une a la manifestación.

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