joomla template

Herramientas
Buscar
Acceder

Pedro Sorela

EBOOKS

      

       el sol como disfraz      dibujando la_tormenta      historia de           

ladron de arboles       portada-viajes-niebla grande     portada-trampas-para-estrellas grande      portada cuentos_invisibles                   

portada-huellas-actor-peligro med      cuentamelo      lo-que-miran-los-vagos      banderas sorela   

entrevistas sorela      portada-fin-viento med      portada-aire-mar-gador      ya vers

cometario_gris

Artículos etiquetados con: ciudad

Quién crea la noche

Novela. Autor: Pedro Sorela Editorial Alfaguara, 2019. Páginas: 320. ISBN: 9788420435336

EL TESTAMENTO LITERARIO DE PEDRO SORELA: "Una "novela total" sobre la vida contemporánea en la ciudad. 


En Quién crea la noche, la novela que Pedro Sorela finalizó poco antes de su muerte, decenas de personajes relatan una parte de su vida. Las relaciones humanas, los encuentros fortuitos, las despedidas, las encrucijadas que se les presentan son los elementos que cohesionan todas estas historias que funcionan como vasos comunicantes, como un friso formado por seres que parecen vivir encerrados en su soledad, o sobrellevando una pérdida, o una ausencia, aunque, en realidad, todos están vinculados entre sí: la suma de lo experimentado por cada uno de ellos -que se va encadenando como si se tratara de eslabones de la cadena de la existencia humana-, conforma una composición coral vívida y emocionante que retrata la vida urbana de nuestros días.

Drama en la portería

Por: Pedro Sorela Martes 28 Marzo 1995.

En un edificio residencial cercano al Auditorio sobrelleva el aburrimiento un portero que ya no se resigna a soñar con hacer teatro y, desde hace cierto tiempo, l0 hace: inventa personajes y les pone a hacer cosas en escena. O mejor dicho, sobre personajes ya creados, que son los vecinos del inmueble (profesionales ricachones y un poco aburridos, la verdad), les propone nuevas identidades, y con ellas, nuevas responsabilidades, y luego les manda a la ciudad a interpretar sus nuevos destinos en la vida. Nada de esto sería posible sin el aburrimiento, claro está. El aburrimiento y la soledad son el padre, la madre y hasta el abuelo del arte al comienzo: como después de limpiar el vestíbulo y repartir el correo Paco no encontraba el sentido de la vida ni en la prensa deportiva (ni siquiera los lunes), ni en la del corazón rosa que desechaban las señoras del inmueble, sucedió un día que, sobre el escenario que miraba sin pausa –un vestíbulo de mármol, grabados baratos de bergantines, sofás imitación Chesterfield–, comenzaron a pasar cosas.

Quiere decirse que Paco comenzó a imaginar. Inevitablemente. La primera de sus creaciones no tiene ni siquiera mérito, vista su obviedad y casi se podría decir que necesidad: como en el segundo piso vive una azafata guapa e insolente que no para de recibir los mensajes de amor afiebrado de las victimas que va haciendo en sus viajes transoceánicos en aviones de dos pisos, Paco no encontró inconveniente en reconducir parte e esas misivas –las más tiernas, las más correctas y consideradas­– hacia el cuarto. Allí, en un apartamento lleno de Chopin, vive una de esas mujeres que, pese a reunirlo todo, se van quedando incomprensiblemente solas.

Artículos relacionados:

  • 57 pasos por la acera de sombra
  • Test de patriotismo municipal

    Por: Pedro Sorela Lunes 18 Abril 1994. En Cuentos

    1.Sale usted malhumorado del cine, tras otra película insignificante, atormentado además por los masticadores de palomitas, y en una avenida principal se encuentra con que un etcétera ha encerrado su coche y claramente sin ninguna intención de volver pronto. Usted:

    a) Contra toda experiencia, pretende que venga una grúa, un guardia, algo. Los llama incluso a gritos, desesperado.

    b) Sale como puede por la acera (no sin abollar el coche) y seguidamente le pincha una, dos, tres o las cuatro ruedas a quien le ha dejado encerrado, y eventualmente le mete mondadientes en las cerraduras o le raya la carrocería con una llave. Y esa noche duerme tranquilo, pese a las 15.000 o 20.000 que le van a costar los bollos de su coche.

    c) Coge un taxi y se resigna a volver mañana.

    2. Coge usted un taxi, no forzosamente el de la traumática experiencia anterior, y al cabo de no mucho el taxi queda parado a causa de una manifestación. El taxista dice aquello de: “Tenía que volver franco y se iban a enterar”, o algo parecido. Usted:

    a) Hace como que no ha oído.

    b) Se baja del taxi dando un portazo y ninguna propina.

    c) Se baja del taxi y se une a la manifestación.

    Artículos relacionados:

  • 57 pasos por la acera de sombra
    • Pedro Sorela

      Esta dirección electrónica esta protegida contra spambots. Es necesario activar Javascript para visualizarla