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Artículos etiquetados con: Patria

Fronteras de Tres de Marzo (Texto patriótico)

Viernes 04 Mayo 2007. En Conferencias, Artículos

Feria del Libro de Valladolid, 2007

p.S.

Hace unos años, con motivo de la publicación de mi novela para chicos Yo soy mayor que mi padre, mi editora me pidió que cambiase el nombre de la ciudad de donde partía la acción, Tres de Marzo, por el de Bogotá, que era el que reconocerían nuestros jóvenes lectores... y era el que le correspondía en realidad, según yo mismo había terminado por ver. La ciudad de Tres de Marzo aparecía esporádicamente en cuentos y otras novelas mías (no en todas): en Huellas del actor en peligro y Viajes de Niebla, y ahora también en la última: Ya verás. Al principio pensé que la había inventado, como los escritores hacen casi siempre, para poder hablar con libertad de cualquier parte sin que le corrijan de forma constante los pequeños patriotas, los dueños del lugar: esto no es así, no es verdad que tal casa está en tal o cual esquina, las nubes de esta ciudad no van de norte a sur sino de este a oeste, no es cierto que al padre fundador de la patria le gustase el té: en realidad era un gran bebedor de café.

Y no pude. Quiero decir que no pude atender al ruego de mi editora de cambiar el nombre de Tres de Marzo por el de Bogotá. Le pedí un verano de plazo, lo intenté, me imaginé mi ciudad con otro nombre... y no pude. Y así se publicó la novela, con la acción en Tres de Marzo y tresmarinos como personajes… Y, aunque no muchos lectores protestaron por el nombre, y aparte de la lección de que hay que tener cuidado con lo que se bautiza, porque se queda, como es natural, la razón por la cual no pude realizar el sencillo cambio del nombre de Tres de Marzo por el de Bogotá no ha dejado de intrigarme.

Cuánto cuesta una literatura sin patria

Por: Pedro Sorela Miércoles 10 Octubre 2001. En Literatura, Artículos

Aunque sea para matar un domingo de lluvia o un viaje largo en avión (este es el caso), imaginemos por un instante una literatura sin fronteras. Quiero decir, libros, o mejor, escritores, no agrupados bajo la fácil y difusa bandera de españoles, mexicanos ofranceses (o más fácil aún, negros, mujeres homosexuales), y abandonados a su suerte: solos con sus libros bajo la lluvia, empujados por el viento del desierto o sudando gotas gordas de soledad en cualquier infecto cuartucho de hotel con minibar y cincuenta canales de televisión, todos exactamente iguales. ¿Se imaginan? Siempre quise preguntarme qué sucedería, y ahora que tenemos tiempo (horas y horas de avión por encima de un océano sin fronteras reconocibles), les propongo que nos atrevamos (porque se necesita valor, sin duda alguna).

Lo primero que habría que considerar serían las pérdidas; las bajas. Cientos, qué digo, miles de personas huérfanas, de pronto, de trabajos que, todo restado y todo sumado, si bien se mira consisten en poner fáciles etiquetas de origen, residencia, exilio y variantes en todo aquello relacionado con la literatura: novela urbana, escritura de mujeres, poesía de la frontera (o chicana, mestiza, afroamericana [sic], etcétera), y así. ¿Qué pasaría si —sólo como juego, no lo olvidemos— un día suprimiésemos los pasaportes y comenzásemos a fijarnos en los textos? ¿El lenguaje? ¿Las historias?

  • Pedro Sorela

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