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Artículos etiquetados con: Palestina

Nosotros, Primo Levi

Miércoles 24 Enero 2018. En Blog, Lecturas

Primo Levi.

Lecturas.

Los hundidos y los salvados, Si esto es un hombre. Primo Levi.

Cada cierto tiempo regreso a Primo Levi, a los dos libros principales de su trilogía sobre Auschwitz, y observo todavía con sorpresa que me interesan cada vez más. Aunque "interesan" no es la palabra exacta. Que "me hipnotizan". Sobre todo Los hundidos y los salvados, en el que Levi razona, ensaya, explica con más profundidad lo que ya narró en Si esto es un hombre, escrito décadas antes. A su vez explica no es el verbo más exacto pues precisamente lo que explica, y entendemos, es la insondable irracionalidad de los campos de exterminio nazis. El célebre "Aquí no hay porqués" que le contestó un SS al prisionero novato que no entendía por qué le habían pegado un culatazo. Lo recoge Jorge Semprún en El largo viaje y La escritura o la vida (dos títulos inrodeables en la literatura española del siglo: tal vez los más universales).

    "Principales", "inrodeables", "universales"... los grandes adjetivos acuden con facilidad cuando se trata de los campos de concentración, con toda probabilidad el principal acontecimiento del siglo XX -no se me ocurre otro, ni siquiera la Bomba-, y no le pongo el adjetivo "nazis" porque sería empequeñecerlo: marginaría el Gulag soviético, la hecatombe de la Revolución Cultural china, que todavía goza de misteriosa bula informativa sobre todo en Occidente, los campos de Camboya, donde murió una tercera parte de la población, las limpiezas étnicas de los Balcanes... et ainsi de suite.

     Pero los campos nazis son especiales. Si no por número de víctimas, seis millones de judíos, además de gitanos, discapacitados, comunistas, religiosos... -Stalin y Mao asesinaron más-, sí por la combinación de una organización modélica con una inconcebible perversión, desconocida hasta entonces.

     En contra de lo que habían planeado los nazis, quedaron suficientes testimonios para que la posterioridad haya podido reproducir lo que fue aquello, aunque la narración por nombres tiene más silencios y zonas oscuras que puntos y comas: en la inmensa mayor parte de las víctimas solo podemos suponer qué ocurrió.

      Si los libros y documentales abundan, y crecen, ¿por qué, entre todos, volvemos a Levi? Pues por varias razones pero la principal es que él, eludiendo los grandes adjetivos y hasta los pequeños, y no permitiendo dejarse llevar por la emoción, la angustia y el escándalo, consigue Nombrar Lo Innombrable.  Él es quien, después de las grandes etapas de silencio -él mismo tuvo dificultades para publicar y sobre todo difundir su primer libro, cuando casi nadie quería saber-, y de alarma y grandes ademanes que expresan pero frenan la comprensión, fue capaz de permitir entender un poco lo que había pasado... y lo que significa. Y lo hizo entre otras cosas gracias a un temperamento de europeo civilizado y a una formación cientifista, era un químico que citaba a Dante, poco propensa al adjetivo y más bien a la prueba y el argumento. Como le escribió un lector alemán, sus libros "describen de un modo humano lo que no es humano".

       Y lo que significa es que no se trata de un conflicto entre nazis y judíos, la prueba es que pronto tuvo discípulos, sino de unos seres humanos contra otros: Nos afecta a todos, no a unas nacionalidades circunstanciales. Que no tiene olvido posible, y quién sabe si redención. Y que nuestra visión del hombre ha cambiado para siempre. Simplemente, nuestra idea del hombre y del mundo no volverán a ser nunca las mismas.

      Como ya había demostrado la primera, la segunda guerra mundial no acabó con la firma del armisticio y qué duda cabe que todavía vivimos sus efectos. Y uno de ellos es la creación del estado de Israel, cuyo derecho de nacimiento el mundo reconoció los judíos, que habían sufrido hasta el casi aniquilamiento. Fue un acto de reparación, imperfecto si se quiere, quizá el posible en ese tiempo y lugar. Pero eso suponía el ninguneo de otra población, la palestina, que ya estaba allí, y que a su vez ha sufrido una marginación en un régimen que cuesta calificar y ni siquiera cabe en la palabra "injusto". Y que plantea otro enigma: cómo es posible que un pueblo que ha sufrido tanto someta a otro de esa manera, tan solo unas décadas después.

    Sospecho que los judíos (aunque yo no creo en las grandes etiquetas identitarias) no habrán zanjado con ese pasado oscuro que nos afecta a todos, con ellos como protagonistas, hasta convencer a la parte más nacionalista y reaccionaria de la población israelí (diversa donde las haya), y a la muy poderosa sociedad judía de Estados Unidos, de encontrar una solución justa y viable para los palestinos. A estas alturas es difícil imaginar otra que la división en dos estados, quién sabe si todavía posible. Que entre otras cosas permita el regreso de los palestinos exiliados que quieran. Se fueron cuatro millones, dispersos por el mundo (son más de la mitad de la población jordana, por ejemplo). No es fácil que quieran regresar.


Vivir como un soldado y escribir como un tendero

Por: Pedro Sorela Miércoles, 17 Mayo 1989 En: Entrevistas

El novelista Amos Oz. Entrevista

© Sophie Bassouls/Sygma/Corbis

Amos Oz parece escapado de una novela sobre los primeros tiempos de Israel: es un sabra y además kibutzim -quiere decirse que es judío nacido en Israel y ha vivido la mayor parte de su vida en un kibutz-; su familia, de la que quiso escapar, le marcó con una indeleble pasión por los libros, y tiene las arrugas labradas por el viento de quien ha pasado mucho tiempo al aire libre: en las labores de granja, que son obligatorias en un kibutz, y también combatiendo en las dos guerras que le han correspondido: la de 1967 y la de 1973. Oz es un activo militante del movimiento Paz Ahora, en el que participa "por indignación" y mira su oficio como el de un tendero: "Yo abro (me siento a escribir). Si los clientes (las ideas) vienen, tanto mejor. Si no, yo he cumplido".

Este hombre pequeño con manos de campesino y profundas arrugas en la cara que parece una versión ruda -y real- de un héroe de Hollywood se escapó de la casa en la que reinaba su padre, un burgués de derechas, con la intención de conducir tractores y volverse izquierdista. Con el tiempo le dio por los libros, igual que en la casa paterna, y ello le sugiere la idea de que, quizá, "las revolucionarios terminan regresando al origen". Sin embargo, ahora que ya no vive en un kibutz por los problemas de asma de uno de sus hijos, que le piden vivir en el sur profundo de Israel (a dos horás de Jerusalén y de Tel Aviv), sólo piensa en regresar, entregar todas sus ganancias al "feliz tesorero del kibutz", y dividir su tiempo entre la creación, la enseñanza de la literatura hebrea y las labores propias de todo kibbutzim: "Soy el camarero más rápido, algo de lo que estoy orgulloso", dice, no sin cierta coquetería intelectual.

  • Pedro Sorela

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