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Artículos etiquetados con: Europa

European memories

Por: Pedro Sorela Sábado 28 Octubre 2006. En Conferencias, Artículos

Coloquio de escritores en Amberes, 2006

When I was a child, the dining room table at my home in Barcelona was divided into two opposing bands:

The English side, led by my grandmother —whose greatest pride was, as a student in England, to have attended the Jubilee of Queen Victoria— and the French one, my father’s. He could have commanded other sides but he elected the French one because French was his first language, the one in which he had been raised and in which he spoke to us at times, although he wasn’t French in the sense of having a French passport. I suspect that he also chose this side, above all, for that healthy and immemorial pleasure of contradicting one’s mother-in-law.

And I chose that side not only because I liked my father more than my grandmother —he was a bon vivant and a traveler, and my grandmother was prey to all the Victorian superstitions— but because my brother and rival was on the English side. This was because they sent him to a school in England, while I stayed in Barcelona studying at the french school.

In any case I stayed home because I had a very weak throat and would not have been able to resist the rigors of a boarding school, or at least that’s what my mother claimed. I recall this language thing because it seems the most graphic way of reflecting a world that has disappeared today, and nevertheless it’s the world I come from...

Poligamia entre cuarenta

Miércoles 21 Febrero 2001. En Artículos

Sabía usted que en el metro de París los músicos callejeros tienen que pasar un examen previo? Los espacios están adjudicados, pues se considera que se trata de auditorios nada despreciables, y si no se obtienen buenas críticas, o parecen irrelevantes, no se puede menospreciar en cambio el número de espectadores y, por consiguiente, el monto de los honorarios: una cifra mayor, en todo caso, que el caché de Haendel en sus horas bajas.

Mi primera reacción ante este descubrimiento fue la de una admiración un poco temerosa. Admiración ante una civilización que parece capaz de ponerle riendas al ruido, e incluso sordina y modularlo, exigirle un mínimo de calidad —algo que desde el sur parece rayano en lo épico si no en lo milagroso—, y temor ante una sociedad (iba a escribir una cultura pero no me ha salido) que consigue ponerle puertas al campo: pues no otra cosa es regular la música callejera, aunque sea subterránea, algo que desde siempre parecía uno de los posibles sonidos de la libertad.

Si adjudicamos los espacios de la calle, ¿qué será del gitano que, acompañado de una cabra, atruena un barrio entero con su trompeta? Pues está claro que más tarde o más temprano el funcionario que da los permisos dejará asomar la zarpa de sus pequeños prejuicios y empezará a premiar la música de acordeón por encima de la de violín, y adjudicará los mejores espacios a los músicos que huelan bien, o sean guapos, o de las minorías más de moda, así que la estación de Austerlitz, por ejemplo, dejará de tener ese aire de grandeza indiferente que exhala casi todo París y cogerá un aspecto de restaurante alquilado para una boda. 

¿De quién es Europa?

Por: Pedro Sorela Jueves 07 Diciembre 2000. En Artículos

No hace mucho participé en Helsinki en un encuentro acerca del futuro de Europa. O para ser más exactos, su propiedad: Europa ¿de quién? (Whose Europe?) Cuando recibí la invitación, les pregunté a los organizadores, de la universidad de Helsinki, si estaban seguros de a quién invitaban, pues de entrada yo nunca reconozco la propiedad de ningún sitio, ni siquiera la de quienes figuran como dueños oficiales, que suelen ser quienes allí nacieron. Como con paciencia escandinava y arrojo finlandés me dijeran que sí (es notorio que son un pueblo peculiar, históricamente empeñado en hacer las cosas a su modo), allí fui, pues, a decirlo: Europa de nadie.

Pese a que al encuentro habíamos sido convocadas personas sin más título que el de pensadores independientes, sí había, para empezar, una significativa dependencia: Historiadores, novelistas, sociólogos, cristianos, protestantes, judíos o musulmanes, hombres, mujeres u otros, los allí reunidos lo hacíamos en representación de los cuarenta países que más o menos intentan cohabitar hoy en el continente, si no más viejo de los conocidos, con toda probabilidad el más baqueteado.

  • Pedro Sorela

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