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Artículos etiquetados con: 1984

Orwell mira de frente

Jueves 26 Marzo 2015. En Blog, Lecturas

p.S
George Orwell

Lecturas

Essays. George Orwell. Penguin Classics. 2000. 

Para un veterano lector de Orwell, lo más fascinante es comprobar cómo el escritor no palidece ni pierde fuerza con la lectura de sus primeras novelas, o de sus ensayos menos conocidos, que son los que he leído ahora, sino que por el contrario unas y otros iluminan y explican muchas cosas de la trilogía decisiva -Homenaje a Cataluña, Granja de animales y 1984-, y ayudan a darle a toda la obra del autor una extraordinaria coherencia.

     Tal vez la razón principal sea una honestidad civil -no sabría cómo llamarla de otra forma- como no recuerdo otra. Una honestidad, una sinceridad... sobre todo para consigo mismo, como queda patente en ensayos como Matar a un elefante, o Así, así eran las alegrías, el primero sobre su experiencia de cinco años como policía del imperio británico en Birmania, y el segundo sobre sus recuerdos como estudiante -becado- en uno de esos internados de niños ricos como sólo hay en Inglaterra. En ambos ensayos en particular se puede apreciar cómo Orwell no intenta disimular ni endulzar ni una pizca experiencias que de toda evidencia le marcaron, y de qué manera, y las afronta con una capacidad no tan frecuente en literatura, que a fin de cuentas es una mirada tangencial: la de mirar de frente.

      Algo tanto más extraño por cuanto Orwell es por vocación, como veremos, el periférico por excelencia. Si es cierto que el escritor es por principio, como dijo Camus, un periférico, un extranjero -a un país, una clase, una familia, una raza, a la sociedad en la que vivió...-, es difícil encontrar un ejemplo mejor que Orwell (Eric Blair por nombre civil), que no fue ningún bastardo, como Lawrence de Arabia, ni un huérfano pobre en un país colonizado, como Camus, entre otros muchísimos ejemplos posibles, pero sí alguien desclasado por méritos propios; esto es, alguien de familia de clase muy mediana que gracias a las becas ganadas por su incuestionable inteligencia se educó en dos colegios de la crema del esnobismo inglés: St Cyprian's y, la guinda de la crema, Eton, donde por lo visto no se vio sometido a las humillaciones del primero. Pero ya era tarde.

     Su segundo extrañamiento fue como policía en Birmania: y en efecto, cuesta imaginarse a Orwell como policía de uniforme y porra, aunque la lectura de Burmese days, su primera novela, descubre a un protagonista que es un policía peculiar, que no se siente nada cómodo, no tanto en su uniforme como en la pequeñísima sociedad colonial, a la vez que muestra claras simpatías por los nativos, los compatriotas de la bella nativa que es su amante.

      Esa fue la última participación de Orwell en la sociedad establecida. En los años siguientes eligió una vida de nómada, lavaplatos y vagabundo -literal-, lo que contó luego de forma insuperable en Vagabundo en París y Londres y también en La hija del clérigo (una hija que no sabe regresar a su casa y se extravía) y otras de sus primeras novelas. Y más tarde, una vida de pobre, literalmente, hasta el punto de que en otro de sus libros cuenta cómo desarrolla una incapacidad, una suerte de alergia que no le permite tan siquiera vivir en un barrio acomodado.

     Una gran honestidad, pues, y capacidad para mirarse de frente. Virtud de la que se deduce el siguiente valor, y es el de desnudarse con más franqueza, más limpiamente que nadie, y además con gran puntería. Uno tiene la impresión de que Orwell no sólo escribe con una claridad meridiana -y es sorprendente lo bien que se le entiende cuando trata de temas complejos en los que el resto de la humanidad escribiente tendería a perderse- sino que además dice lo que quiere decir y no lo de justo al lado. Lo que por otra parte se corresponde con el pensamiento sobre todo político de Orwell, genuinamente socialista (él así se define) pero enfrentado a las poderosas deformaciones de su tiempo y en particular el estalinismo. Es sabido que lo tuvo que pagar muy caro, con el ninguneo de sus libros, al comienzo, e incluso la calumnia hasta hace poco.

     En Por qué escribo -uno de los ensayos indispensables de la orwelología esencial-, el autor explica que si fue desde muy temprano un autor político fue porque no le quedó más remedio: es más o menos contemporáneo del siglo XX, con lo que eso significa. Lo que le deja a uno preguntándose qué tipo de escritor hubiese sido en otro siglo. Quizá lo aclare lo que dice en otro momento -y explica que le sigamos leyendo cuando todo eso que le hizo escribir duerme en las páginas de los libros de historia-, y es que decidió escribir de política, pero bien.

El silencio ruidoso de la Actualidad

Jueves 19 Abril 2012. Blog, Sastrería

El silencio ruidoso de la Actualidad
Pablo Gargallo: El profeta. 
Tan importante es lo que está como lo que no está.

Sastrería. La actualidad

La "actualidad" es una sustancia gaseosa que ha terminado por convertirse en una de las grandes dictaduras de nuestro tiempo. Pues es la norma que guía los periódicos y los medios, una norma difusa: Algún jefe decide que algo es actual y los periodistas corren a cubrirlo. Del mismo modo puede decir que no es actual, y entonces ese pedazo de la realidad pasa al limbo de lo inexistente, así sean cinco países de África o varias docenas de náufragos ahogados en el Atlántico.  El problema es que no se sabe muy bien qué es actual. Pues está claro que un tsunami lo es, pero no queda nada claro que lo sea cierta película, político, rockero, deporte y demás, sobre todo porque la percha -otra palabra de jerga que alude a esa sustancia milagrosa que convierte algo en actual- no está nada clara. Es más: con frecuencia la percha no es más que el destilado final de los prejuicios ambientales dominantes, pero cada vez más a menudo es el resultado de oscuras y más bien vulgares, aunque sofisticadas, ingenierías de esa nueva realidad, los gabinetes de comunicación: un nombre tecnócrata y sanitario para designar a la publicidad o la propaganda de toda la vida. El resultado final es que los medios se comportan en buena medida como pretenden esos gabinetes o lobbies (grupos organizados de presión que pueden tenerla más que un ejército) de la información.

     La actualidad puede ser observada con muchas lentes, pero el más hipnotizante para mí es el que la convierte en el mayor instrumento que se conoce de uniformización. El día en que descubrí que la mitad real de la población española había visto la noche anterior la final de la primera Operación Triunfo, comprendí que 1984 había dejado de ser una distopía para ser una crónica, y cambié las lecturas de mis alumnos en la universidad en consecuencia. En cierta ocasión me dijeron en Inglaterra que si en las islas había tanto interés por lo que ocurría en Estados Unidos era porque tarde o temprano llegaría allí, como un tsunami. Deberíamos habernos preocupado, porque lo que sucedía en el mundo anglosajón terminaría por llegar al sur. Así con el Pensamiento Políticamente Correcto, que ocupa sobre todo las universidades, y así sucede con la Actualidad: la "Realidad Actualizable" se compone de cada vez menos temas y más insistentes. Y medios sin redactores jefe ni sometidos a la presión de la publicidad o las influencias, como Twitter u otras voces en teoría individuales, se pueblan cada vez más de trending topics, expresión miedosa que significa "temas uniformantes" o "índices de unanimidad". E índices cada vez más conscientes de sí mismos, que se arman con rapidez para derribar o levantar esto o aquello sin detenerse a pensar mucho en ello. Esto es, como muchedumbres. Como jaurías.

     Al modo de El profeta, u otras esculturas de Gargallo, en las que lo que está es tan importante como lo que no está, o menos, la Actualidad subraya ciertos temas, a veces pero sólo a veces importantes, e impone sin duda el olvido o la marginación de otros. Además más temprano que tarde olvidamos las urgencias, arrastradas por otras en una carrera sin fin. El resultado final es algo parecido a un silencio ruidoso.

 

  • Pedro Sorela

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