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Pedro Sorela

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No enseñamos libertad

Miércoles 18 Septiembre 2013. Blog

p.S

Lo más alarmante del debate sobre la educación en España es la casi falta de ese debate en lo que de verdad importa, y en todo caso el desconocimiento general, cuando no tergiversación, sobre la realidad educativa. Baste mencionar la muletilla generalizada de que "esta es la generación más preparada de la Historia", que suena a sarcasmo para cualquiera que se haya acercado a un aula universitaria española: Al menos en las facultades de Ciencias Sociales o Humanidades (no veo por qué en las de Ciencias y en las carreras técnicas la situación sería mejor), no sólo las carencias darían para llenar bibliotecas enteras de antologías del disparate, como siempre y en todo lugar, por otra parte, sino que se detectan limitaciones de verdad preocupantes por su trascendencia en el tipo de sociedad que nos damos. Y en concreto serias limitaciones en dos talentos cruciales: la capacidad de abstraer o pensar ideas; y la capacidad de imaginar. De imaginar de verdad, no simplemente traducir a otros nombres y escenarios la propia realidad del joven. Y ello con independencia de la inteligencia de los alumnos, que como sucede con los jóvenes, suele ser alta.

    Y sí, no parece que sea muy difícil encontrar las causas de tan alarmantes carencias: sin duda alguna, y en buena parte, un menosprecio evidente de las humanidades, y en concreto una postergación cuando no supresión de la filosofía y la literatura. Baste mencionar que la literatura se enseña en los colegios en la misma asignatura que la lengua, con la evidente priorización  de ésta por ser, a fin de cuentas, la más práctica. El resultado es que los alumnos españoles de hoy no saben -estos son ejemplos reales de aulas enteras- quiénes eran María Zambrano, Azorín o los caballeros de la Mesa Redonda. Según mi experiencia, estudiantes españoles con buena nota de acceso llegan a la universidad sin tener algo parecido a un comienzo de formación en literatura, redacción o filosofía, y padeciendo una dolencia intelectual que yo llamo la literalidad.

     Todo esto no pasaría de ser la habitual jeremiada de algunos profesores o viejos propensos a quejarse del presente comparado con el pasado, pero lo cierto es que se trata de algo en verdad alarmante. Pues sucede que son las capacidades de abstracción y de imaginación las que definen al ser humano, y que de ellas está hecha la libertad.

(Publicado en la revista "21", agosto 2013)

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  • Pedro Sorela

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