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Recuerdos de amigos

Domingo 19 Mayo 2019. En Póstumo

Éramos muy diferentes, pero siempre conectamos. Un día cualquiera de tercero de Periodismo, viendo que a menudo hacía el payaso, me propuso formar parte del grupo de teatro que él dirigía. Y me convertí en actor durante los tres años restantes de universidad. Luego continuamos siendo amigos, pese a que me «traicionó» convirtiéndose en un buen y prolífico escritor. Pero, ahora, prejubilado de TVE, me dedico en la medida en que puedo a actuar en series y publicidad. Lo último, un anuncio para los supermercados Covirán que grabé el domingo. Hay que hacer lo que sale. El siempre me alabó y creyó en mí. Gracias Pedro. Te lo debo a ti. Nunca te olvidaré.

 

Carlos Múgica

 

Soy amiga de Pedro. No tengo palabras para expresar lo interesante de sus conversaciones sobre literatura. El exhaustivo conocimiento de tantos y tantos escritores. La sencilla belleza de sus dibujos. El aprendizaje sobre nuevas maneras de ver. Como escritor he leído sus libros y no acabaría de exaltar su estilo: el dinamismo, la creatividad, la otra manera de ver y observar, frescura, sensibilidad… La atmósfera creada en sus textos y por supuesto ese dominio del lenguaje que tantas veces se vestía de poético. No en vano a él no le gustan las fronteras, ni tan siquiera en los géneros literarios.
Espero que continues este viaje que para ti era la vida en otra nueva etapa de goce en la luz. Las estrellas lloran esta noche, pero no dejan de iluminarte. Un escritor sigue siempre con nosotros. Gracias.

 

Ana Galán

 

Pedro, siempre que me voy a sentar en una mesa pienso en dónde me senté el día anterior. (Leed a Raúl Conde). Has dejado una huella en muchos. Ahora, por fin tienes lo que más valoraste Tiempo para leer, tiempo para escribir. Te estamos echando mucho de menos

 

Patricia Larrinaga

 

Querido Pedro: Tú que sabías disfrutar de la soledad has tenido que traspasar la soledad suprema, esa a la que todos llegaremos un poco más tarde y quizá no tan lejos. Tú que tanto escribiste sobre las despedidas has tenido que despedirte mucho antes de lo que hubiéramos querido. Con tu despedida y en tu tránsito hacia la soledad también nos has dado un inmenso ejemplo. Una vez más hemos aprendido de ti, en esta ocasión a tener coraje, a eludir los autoengaños, a ser delicado con todos en el momento de las últimas palabras con cada uno.

Toda la tristeza que nos ahoga a tu familia y amigos tiene sin embargo la compensación de todos los tesoros literarios que nos dejas. Todo lo que pensaste y quisiste decir al mundo se queda con nosotros, nos acompaña y nos hace sentirnos menos huérfanos de ti. Además de en Inés y en tus nietas tu vida renace replantada en cada uno de los que tuvimos la suerte de compartir momentos intensos contigo, con la lectura de tus textos y tus dibujos y con la lectura de textos de otros grandes literatos que nos enseñaste a descubrir.

Nos ha hecho ‘sorelianos’ a muchos. Y esos muchos ya no podemos contentarnos con las rutinas, los tópicos y los éxitos-más-vendidos. Gracias a ti, una pequeña masa nos hemos acostumbrado a buscar y reclamar la nosecuántica dimensión de lo cotidiano que se trasciende a sí mismo. Tras tu adiós ese círculo inicial empieza ya a crecer profunda y extensamente, mucho más allá de los éxitos facilones del mercado. Tu grano de mostaza, poderoso y distinto, germina a partir de ahora en tantos; no sólo por la belleza de tus textos y la ejemplar rebeldía de tus ideas, sino también a través de los constantes reclamos que tu espíritu, ese sí indestructible y pegado a cada uno de nosotros, nos sigue haciendo en nuestro deambular entre lo diario: ¡qué habría dicho Pedro de esto!, ¿cómo habría organizado Pedro esa cena?, ¡lo que habría disfrutado Pedro en esa iglesia de aldea que no aparece en las guías de turistas-borregos, o mirando esas bonitas piernas!

Cada uno de nosotros va a seguir gracias a ti recreando su alrededor de otro modo y seguirás conversándonos y hasta gruñéndonos sin pausa porque bastará abrir alguna de tus páginas para estarte reencontrando. De manera que la vida eterna no se tratará en tu caso de ninguna metáfora, mientras quienes hemos tenido la satisfacción de descubrirte sigamos siendo tus testigos y tus heraldos.

Descansa en paz, Pedro.

 

José Luis Dader

 

A Pedro lo conocí en Madrid hará unos veinte anos, gracias a una amiga común, Teresa Agustin. Nos veíamos cuando viajaba a Madrid para acudir a la Feria del Libro, y charlábamos delante de un buen almuerzo y un buen vino. Qué buenos recuerdos las conversaciones nuestras, siempre amenas, interesantes. Pedro, un hombre culto y de cultura enciclopédica, española, europea y de allende los mares. Traductor del español me habría gustado traducir unos de sus libros al francés, ojala un dia…

 

Claude de Frayssinet

  • Pedro Sorela

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