joomla template

Herramientas
Buscar
Acceder

Pedro Sorela

EBOOKS

             el sol como disfraz       dibujando la_tormenta      historia de      ya vers      portada-aire-mar-gador 

             ladron de arboles      portada-viajes-niebla grande      portada-trampas-para-estrellas grande      portada cuentos_invisibles      portada-fin-viento med  

             portada-huellas-actor-peligro med      cuentamelo      lo-que-miran-los-vagos      banderas sorela      entrevistas sorela

 

cometario_gris

El ladrón de mejillones (búscase cronista)

Por: Pedro Sorela Viernes 01 Abril 2011. En Blog

Resúmenes del mundo.

Editor de páginas en la Red, cocinero para ositos Panda, aspirante a becas PC (políticamente correctas), censor y Nuevo Inquisidor, diagnosticador del estado y peligrosidad de los campos de fútbol... todas estas nuevas profesiones, que levantan pasiones, no incluyen la de informador de la Crisis. Quién lo diría...

Quiero decir, nos dan la brasa todo el día con la inacabable mala obra teatro en que se esclerotizan los periódicos, y no dejan entrar a escena al que debiera ser el primer personaje de una crisis: el cronista. Con él empiezan a menudo las obras de Shakespeare y del Siglo de Oro, y con ellos estuvieron hechos alguna vez los periódicos. Quizá por eso se hayan dejado de vender: los periódicos están ocupados hoy por banqueros presentados como héroes, cuando sólo son ricos, igual que en la época de Mario Conde: de eso se asombraba ya en los ochenta un periodista perseguido, asilado en España... ¡y era de derechas! Junto a ellos el reparto incluye a lejanos dictadores sin imaginación ni grandeza; reporteros que escriben de las guerras contra ellos... desde lejos; y políticos que no dejan de repetir lo mismo, una y otra vez, como actores de doblaje que no saben improvisar: sólo repetir frases hasta que ya no digan nada. Ah, y opinadores profesionales que reducen a Liz Taylor a dos oscares, ocho maridos y unos ojos violeta, y luego se niegan a dimitir. Como Gadafi.

Recontar lo incontable

Por: Pedro Sorela Sábado 26 Marzo 2011. En Blog

Recontar lo incontable
Sobre cómo la represión concentracionaria está construida sobre la mentira. 

El tirano en la ventana

Por: Pedro Sorela Lunes 21 Marzo 2011. En Blog

Tarde en la noche, el tirano se acerca a una de las altas ventanas de su palacio, y no porque pretenda ver algo -hace ya dos noches que no se ven más que los focos de la defensa antiaérea rayando la noche en busca de aviones enemigos-, sino porque quiere oír. El cristal le devuelve su reflejo negro y el de una lámpara sobre un escritorio del tamaño de un billar. Apenas se oye nada.

No sabe dónde poner la ira que le roe las tripas como si se hubiese tragado unos murciélagos: justo la pasión, le advirtieron los médicos, que puede enviar un comando a su cerebro o dinamitarle el corazón sin que lo puedan impedir ni las defensas antiaéreas. Mas ¿cómo evitarla? No se trata de un puñado de murciélagos -una pesadilla común a los prisioneros en las mazmorras de su propio palacio-, sino el mundo entero el que desde hace dos noches bebe y baila para celebrar su inminente funeral y el final de su imperio. Aunque no se dice, se baila también para celebrar que los jefes de los demás estados se han puesto al fin de acuerdo en algo, y porque se sabe que el botín será jugoso.

Y eso es lo que intenta oír el tirano: los aviones que han de llegar. Armados de rayos láser y bombas de calor que adivinan a las cucarachas bajo la moqueta, los aviones se han juramentado para cortocircuitar "una desfachatez de proporciones globales" cuyo relato ha llenado durante semanas los suplementos el domingo. Según la CNN, Associated Press y otros teletipos, los aviones se proponen "echar agua fría a las piscinas de insultos radiactivos que el tirano y sus hijos le han ladrado a sus súbditos durante cuatro décadas de dominio".

No dependerás

Por: Pedro Sorela Miércoles 16 Marzo 2011. En Blog

p.S.

Escribo desde hace ya tiempo y nunca había disfrutado con tanta franqueza de lo que siento ahora delante de mi propia página -todavía en blanco- en la Red: libertad. Por primera vez en mi vida no hay nadie leyendo por encima de mi hombro y sugiriéndome qué es lo que tengo que imaginar. Cómo ha de ser escrita una novela para poder ir al cine. Cuáles son los puritanismos del día a los que someterse para seducir a más compradores de libros y que me den sustanciosos premios de aspecto sospechoso (no tengo ninguno). Qué hacer para que la burocracia universitaria acepte que mis libros son también pensamiento, y desde luego investigación en la escritura, aunque no estén escritos en el dialecto dominante. O cómo encajar en los azarosos criterios de las páginas culturales de los periódicos, que además van menguando.

Sólo por esa sensación ya merecía la pena, y todavía la página no ha subido al cielo transparente de la red, y agradezco a la joven amiga -lo de joven es por una vez importante-, que insistió hasta persuadirme con un argumento que casi ruboriza repetir, por lo obvio: Es el nuevo lenguaje y no tiene vuelta atrás, me dijo. Y una promesa fáustica a la que difícilmente ningún escritor experimentado se podría resistir: No dependerás de nadie ni de nada. Escribirás lo que te dé la gana.

O sea que, como en un verdadero viaje, un enamoramiento, comienzo preguntándome: ¿será… será posible? Y de momento lo es: si alguien lee estas palabras es que ha sido posible. Al menos hasta esta línea.

OTROS ARTÍCULOS

  • Pedro Sorela

    Esta dirección electrónica esta protegida contra spambots. Es necesario activar Javascript para visualizarla