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Mar de motos en Saigón

Por: Pedro Sorela Domingo 10 Abril 2011. En Blog

Mar de motos en Saigón
Cuando llegué a Hanói recorrí durante un buen rato las habitaciones libres de mi pequeño hotel “boutique” que había contratado por internet –esto es, un hotel de bolsillo, al margen de las agencias de turismo y sin la obligatoria CNN en la televisión del desayuno–, en busca de aquella que me ofreciera un nivel de ruido aceptable. 

Náufrago nuclear, cuarto día

Por: Pedro Sorela Miércoles 06 Abril 2011. En Blog

Mantenían a los ancianos detenidos en un campo. 

Al llegar a Madrid, hace una semana, Kei Tetsu agradeció que todavía exista la primavera, aunque sea al otro lado del mundo, y bendijo a la oenegé Aire Azul que lo ha traído para que respire aire libre y se limpie un poco los pulmones de toda la porquería que tragó tras el tsunami. Kei fue seleccionado para venir a España porque, en su larga vida de pescador -tiene 59 años- ha convivido algo con marineros peruanos y chilenos y, aunque su idioma es bastante técnico (marea, percebe, red, ballena deliciosa, viento de levante, tiburón), se defiende en español.

El lunes y martes de su llegada, pues, todo fue agradecimiento y goce: aire libre, cielo azul y gambas en gabardina con cañas en el mercado de San Miguel. Emocionante solidaridad de los madrileños, que pronto le llamaron Manolo, Manolín, le regalaron un capote en la Escuela de toreros para torear la mala suerte y una peineta para su madre en el museo del Traje. La presidenta regional le organizó una recepción con niños japoneses cantando himnos y el alcalde aprovechó para señalar que debemos aprenderdelalaboriosidadjaponesaparasalirdelacrisis. Etcétera.

El martes y miércoles permitieron que un par de científicos le tomasen el pulso y la tensión... y también convocaron a una rueda de prensa, para que contase: Cómo la ola metió los pesqueros en los salones y dentro de las almohadas se refugiaron los pequeños calamares del norte de Japón. El jueves fue agarrado de la mano durante siete minutos por una ministra que, mostrándole los dientes, ya se encontraba en campaña electoral (si es que alguna vez no lo están). Esa noche, sentado en la cama de su hotel y después de verse subtitulado como "náufrago nuclear" en el telediario, escuchó por primera vez el silencio que en Madrid, pese a las apariencias y la leyenda de ciudad simpática y nocturna, puede ser grande, largo, de planicie castellana con un chopo en la lejanía.

El ladrón de mejillones (búscase cronista)

Por: Pedro Sorela Viernes 01 Abril 2011. En Blog

Resúmenes del mundo.

Editor de páginas en la Red, cocinero para ositos Panda, aspirante a becas PC (políticamente correctas), censor y Nuevo Inquisidor, diagnosticador del estado y peligrosidad de los campos de fútbol... todas estas nuevas profesiones, que levantan pasiones, no incluyen la de informador de la Crisis. Quién lo diría...

Quiero decir, nos dan la brasa todo el día con la inacabable mala obra teatro en que se esclerotizan los periódicos, y no dejan entrar a escena al que debiera ser el primer personaje de una crisis: el cronista. Con él empiezan a menudo las obras de Shakespeare y del Siglo de Oro, y con ellos estuvieron hechos alguna vez los periódicos. Quizá por eso se hayan dejado de vender: los periódicos están ocupados hoy por banqueros presentados como héroes, cuando sólo son ricos, igual que en la época de Mario Conde: de eso se asombraba ya en los ochenta un periodista perseguido, asilado en España... ¡y era de derechas! Junto a ellos el reparto incluye a lejanos dictadores sin imaginación ni grandeza; reporteros que escriben de las guerras contra ellos... desde lejos; y políticos que no dejan de repetir lo mismo, una y otra vez, como actores de doblaje que no saben improvisar: sólo repetir frases hasta que ya no digan nada. Ah, y opinadores profesionales que reducen a Liz Taylor a dos oscares, ocho maridos y unos ojos violeta, y luego se niegan a dimitir. Como Gadafi.

Recontar lo incontable

Por: Pedro Sorela Sábado 26 Marzo 2011. En Blog

Recontar lo incontable
Sobre cómo la represión concentracionaria está construida sobre la mentira. 
  • Pedro Sorela

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