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Noche de espera en Ciudad Universitaria

Por: Pedro Sorela Jueves 10 Enero 2002. En Artículos, Esquinas

Noche de espera en Ciudad Universitaria

Un arquitecto: ¿La universidad? Un chollo. Es un lugar en el que te dejan hacer de todo y luego no protestan para no pasar por ignorantes. Casi como con los alcaldes pero no tanto. Y si alguien quiere ilustrarse, que se pasee por los campus: se comprende que los primeros que deberían ir a facultades de Arquitectura y de Humanidades son quienes aprueban los proyectos. Pero entonces se nos acabaría el chollo.

Uno que aprueba proyectos: Es genial: ya que los edificios universitarios pueden pasar por supermercados, cárceles, museos... hagamos de ellos cualquier cosa. ¿Por qué no bancos por la mañana y discotecas por la noche, por ejemplo, con venta a las televisiones? ¿O pasarelas de moda, tras concursos entre las estudiantes? ¿O shopping-centers? ¿O todo junto? Ahí hay un montón de pasta para ganar.

Un aprobador autonómico: Hombre, shopping-centers tal vez es demasiado. Pero en lo que sí las hemos convertido es en laboratorios de patriotismo local y espíritu nacional, lejos de la pintoresca idea de que universidad viene de universo.

Juan, estudiante de 1o de cualquier cosa: No entiendo, tío: si a las 10 tenemos clase de Teoría de lo Inexistente i, ¿por qué a las 11 tenemos Teoría de lo Inexistente ii? ¿Sólo porque así nos mantienen ocupados mientras encuentran profesores que sepan? No me parece serio. Sobre todo si a la 1 nos dan Teoría de lo que sí existe, que niega todo lo anterior.

Don Pleonasmo, profesor de Teoría de lo Inexistente: Ahora vienen con que si la Teoría de lo Inexistente sirve para algo. ¡Otra vez! ¡Cuántas guerras tendremos que librar, y hasta cuándo! ¡Cuándo se convencerán de que el saber, ni se aprende en Internet, ni tiene que servir! ¡Que no se pueden hacer huevos fritos ni empleos con las teorías de Copérnico!

Copérnico Roa (madrileño): Somos uno de los países más universitarizados del mundo y a la vez el más enganchado al porno rosa. En Madrid tenemos un universitario por árbol, y sin embargo cada ciudadano ve tres horas y media de televisión al día: récord europeo. Taxistas hay licenciados en derecho pero la televisión no deja de competir en el más difícil todavía de la estupidez y la zafiedad... Y nadie dice nada. ¿Cómo se explica?

Un explicador: La ignorancia. Nadamos entre tanta ignorancia que ni siquiera somos capaces de verla. Eso sin hablar de la autonomía: con ella silenciamos lo que no nos gusta.

Borja de la Riva (taxista revolucionario): ¡Pero qué ignorancia ni qué autonomía! ¡Si está clarísimo, joder! Se trata de un negocio, como siempre. La universidad es un gigantesco garaje en el que se entretiene con examencitos y adivinanzas a cientos de miles de jóvenes mientras el mercado va eligiendo, e imponiendo sus precios, claro: eso es lo que llaman la bolsa de trabajo y debería llamarse embudo. Así se explica que mi título de abogado, aunque de universidad pública, sea el cuadro con letras más caro que haya pagado nadie. Sólo sirve para animarme la úlcera cuando me tumbo a ver el partido.

Gabriela (estudiante de 5o en el embudo): Me hace gracia aquel profesor que nos decía que no trabajásemos, que este es nuestro tiempo irrepetible y que no debíamos desperdiciarlo en esa superstición protestante del estudiante trabajador. Yo creo que lo habían enviado para irnos preparando: tendremos suerte si nos dejan limpiar mesas y servir hamburguesas.

Marta, limpiadora de mesas: ¡Niñatos de mierda! Si supieran lo que tienen no perderían el tiempo manifestándose. ¡Como si a nadie le preocuparan las huelgas de estudiantes! Yo volvería a la universidad. A cualquier universidad. A estudiar lo que fuese. Incluso el olor a tigre de las aulas con doscientos estudiantes es mejor que el olor de estas hamburguesas.

Nadie, preocupado por las huelgas de estudiantes: Si logramos mantener las movilizaciones hasta la primavera, van listos. Nocreo que caiga el gobierno, pues este gobierno es incaíble, pero apostaría el chinchón de una semana a que les cuesta dos puntos en la intención de voto. Algo es algo.

Un ministro incaíble: ¡Ja! Que se manifiesten, que se manifiesten... así los tenemos distraídos: cuando se quieran enterar, estarán metidos en nuestra universidad... en la que enseñarán y de la que saldrán quienes nosotros queramos. Y eso sin contar con la privada.

Un distraído: ¡Jo! ¡Qué chollo la universidad! ¡Chicas guapas y sin hora de llegada, libre acceso a las clases, y clases que sirven para algo y no todas estas tonterías de cou: filosofía, literatura, historia... que no sirven para nada.

Un profesor de literatura inservible: Aprovechar ahora porque luego no os dejarán. No os dejaréis. Se os pegará la fiebre de ganar dinero y ya será demasiado tarde. Y si leéis ahora a los grandes —Balzac, Shakespeare, Camus...— luego... luego no  será tan fácil manejaros.

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Urbanismo