joomla template

Herramientas
Buscar
Acceder

Pedro Sorela

articulos

The Carnival and the publisher. Fables in Europe

Por: Pedro Sorela Sábado 14 Abril 2007. En Artículos, Conferencias

The Idea of Europe: Continuity and Change. European Cultural Foundation Network, Finland 2007

The first scene of this theatre play takes place in the city of Barranquilla, in the Colombian Caribbean coast, last February. It is night and the streets are filled with men, women, clowns, puppets, acrobats and devils that dance giving themselves to the rhythms that have made this part of the world famous. The salsa dance finds its origins here and so does a big part of the so called "hot music” from the Caribbean: La música caliente. It is also the home land of the writer Gabriel García Márquez, who could not be understood without this music that structures and shapes his books and enhances deeply the charm of his work. 

Beyond the talent for disguise; beyond the surrealism of the official mask of that carni- val – a long and slim trunk of an elephant hanging from a human face with big ears –; beyond the beauty of the black, white and mulato bodies intertwined in sweat, move- ment and music, what is more attractive of it all – as it is frequent in the Caribbean culture – is the easefulness, the freedom with which all this barranquilleros move. The dance with which they have been raised since they were kids, of course, but, above all, the freedom with which they do it. May it be that this freedom is inherent to any kind of dancing?

Bogotá vuelve a bailar

Por: Pedro Sorela Domingo 01 Abril 2007. En Artículos, Viaje, Textos de viaje

Si usted no ha oído hablar mucho de Bogotá, no se preocupe: dentro de algún tiempo lo hará. La pregunta –una vieja pregunta– es cuánto tiempo. Pero lo que es impepinable, como dicen allí, es que usted va a oír hablar de Bogotá. ¿Y cómo no? Con Buenos Aires y Ciudad de México, y con São Paulo, si se quiere, es ya una de las capitales de América Latina, y desde luego no tanto, en contra de lo que dicen, en inseguridad: ahí sólo se lleva una fama casi tan justificada como lastrada por la exageración y los clichés. Sin clichés viajar sería demasiado fatigoso. Pero qué difícil escribir una crónica sobre la nueva Bogotá sin caer, también, en el más viejo de los vicios atávicos de Colombia y América: la lectura de lo que le afecta en clave de retórica siempre nacionalista.

Ya sucede en Ciudad de México, por ejemplo, entre personas relacionadas con el urbanismo, y que, según me dijeron, estudian ciertas propuestas como una especie de vía bogotana a la civilidad. Porque una de las razones del cambio extraordinario de Bogotá, o su crecimiento en todos los sentidos, es que en los últimos veinte años la ciudad alineó un par de alcaldes honrados además de ingeniosos: Peñalosa y Mockus, un matemático que se había hecho célebre con sus originales (y eficaces) modos de gobernar la hasta entonces levantisca Universidad Nacional, y que dedicó parte de su mandato a educar a los ácratas bogotanos en leyes tan sencillas como respetar un paso de cebra o parar los autobuses en donde corresponde, y prefiriendo a las multas la astuta pedagogía de payasos y doctos mimos repartidos por la ciudad. 

Ni que decir tiene que la campaña fue recibida con sarcasmos... hasta que se vio que funcionaba. Más aún: todavía lo hace...

Artículos relacionados:

  • Colombia se rompe en archipiélago
  • El viaje

    Por: Pedro Sorela Lunes 05 Marzo 2007. En Artículos

    Publicado en: Una infancia de escritor. Antología de Mercedes Monmany. Xondica Editorial

    Mi padre, mi hermano Luis Xavier, y yo, a la derecha.
    Mi madre no quiso participar, víctima de la melancolía de las
    migraciones. 

    Yo no sé muy bien dónde nací. La versión que escuché más veces dice que en una casona caprichosa y afrancesada que se encuentra en la esquina de la calle 69 con la carrera séptima, de Bogotá, pero lo cierto es que mis primeros recuerdos de ella se remontan a un día de los primeros años sesenta –o sea que yo ya era un muchacho–, cuando acompañé a mi madre, o ella me llevó para sentirse acompañada frente a sus recuerdos, y me encontré con la inmensidad de las casas vacías y las huellas de los cuadros en las paredes, y, situado sin aviso frente a un baúl abierto, ante evidentes pruebas de que la memoria de uno no se inicia en sus primeros recuerdos, sino antes de ellos, en un sombrero de paja de su madre cuando niña o en la petaca de plata de su abuelo, que aún guarda un resto de brandy.

    Después de nacer, justo después, estuve dando tumbos por el mundo como uno de esos aventureros de la primera mitad de siglo, que fueron aniquilados por los viajes en grupo y las agencias de publicidad. A menudo he pensado que me gustaría repetir ese tiempo que mi madre recordaba con escalofríos, mezcla de horror y también de añoranza por tanta frescura, y mucho más el tiempo en que mi abuela tardaba tres meses para trasladarse a su internado en Ramsgate desde las tierras de mi bisabuelo en la Judea, cerca de La Mesa.

    Rembrandt, el mago de Amsterdam

    Por: Pedro Sorela Viernes 22 Diciembre 2006. En Artículos, Arte

    Dibujar de la vida real –que no es lo mismo que del natural, pues este modelo posa y el real no– y luego, de memoria, eran las dos últimas etapas en el aprendizaje de un pintor en tiempos de Rembrandt Harmensz van Rijn (1606-1669), la edad de oro de la pintura holandesa. Y en una época en la que el pintor ocupaba un lugar central, pues hacía también de cineasta y cronista, la máxima categoría era la pintura de cuadros históricos, el decatlón de la pintura, ya que debía reunir las habilidades de todas las demás.

    Pero como demuestran los dibujos reunidos en dos precisas exposiciones por el Rijkmuseum de Amsterdam, dentro de las varias que celebran el cuatricentenario del pintor –y la segunda de las cuales se cerrará con el año–, los dibujos de Rembrandt que se conservan reflejan, más que aprendizaje, maestría, con un trazo ya suelto, creativo y en libertad. No están hechos para entrenar la mano, de habilidad evidente, sino para testimoniar más bien el aprendizaje de una mirada. Una perspectiva de la apabullante obra de Rembrandt –el Picasso de su siglo por cantidad, revolución y talento– sugiere que en ella los dibujos están hechos sobre todo como ejercicios de la mirada y la capacidad de observación, y también para enriquecer un legendario banco de ideas.