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Pedro Sorela

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El prejuicio como método de lectura

Por: Pedro Sorela Domingo 18 Agosto 1996. En Artículos, Literatura

La Jornada Semanal, 18 de agosto de 1996

Parece ser que la Edad Media tuvo sucesivas y a cual más sugerentes visiones de Virgilio, el máximo vate de la grandeza de Roma. La Iglesia, por ejemplo, llegó a considerar si se le debía declarar profeta, toda vez que en una égloga anunció, parecía, el advenimiento de Cristo, y también porque tres perseguidores de la nueva fe, repitiendo la historia de San Pablo, se convirtieron al oír sus versos y terminaron en mártires.

Según cuenta el erudito Alfonso Reyes, cierto cronista del siglo XIV convierte a Virgilio en catequista de romanos y de egipcios, y además le hace grabar los pasos del Nuevo Testamento en un sillón en el que se sienta a morir. También se dice que San Pablo buscó en Roma los restos de Virgilio, y al dar con ellos se le deshicieron en polvo entre los dedos, lo que dio lugar a amargo llanto.

Nerón, el artista que mandó incendiar Roma para inspirarse, preguntó supuestamente a Virgilio hasta cuándo iba a durar un templo de oro que acababa de construir a sus dioses, y el poeta le respondió que cuando diese a luz una virgen; y así ocurrió cuando el nacimiento de Jesucristo.